Stories to change the world |
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| 21 de junio / June 21th Historias para cambiar el mundo Stories to Change the World |
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INVITACIÓN para participar el día 21 de junio: Desde la RIC, Red Internacional de Cuentacuentos, queremos hacerte llegar esta invitación para que te sumes a nuestra celebración: Historias para cambiar el mundo, este 21 de junio de 2011 y a partir de entonces, el 21 de junio de cada año. Red Internacional de Cuentacuentos :: International Storytelling Network
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En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada. Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque. Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura. (c) Augusto Monterroso
Nada más dar el primer sorbo al café con espuma de nata recién servido por la camarera venezolana, supe que tres niños acababan de morir de hambre en Etiopía, uno más en el desierto de Mauritania y otro más en un suburbio de Calcuta. La conciencia de esas muertes me quemó los labios. ¿Qué tipo de café me habían puesto en la taza de porcelana? Miré a mi alrededor sorprendido, pero los clientes del resto de las mesas seguían conversando sin angustia del nuevo corte de pelo de Ainhoa, y las ventajas de usar la plataforma-Vibro 1000. Las madres de los niños recién muertos a más de diez mil kilómetros de distancia empezaron a llorar con un gemido ensordecedor, y su rabia me llegó con total claridad a mis oídos. Contuve la respiración y miré al horizonte. El sol se ahogaba en el mar, y el valle de la Orotava sangraba lágrimas de luz por las cañadas del Teide. Traté de tranquilizarme razonando que quizá solo fueran las farolas y las luces de las casas recién prendidas. Pudiera ser, pero en esos breves segundos supe con certeza que habían muerto setenta nuevos niños con el estómago reventado de aire y hambre. Un escalofrío me recorrió la espalda. Quise llamar a la camarera, pero la voz no me llegaba a la boca. Comencé a llorar, en silencio, sin que nadie se diera cuenta. El café se me quedó frío. Empecé a cronometrar, y calculé que cada tres segundos había un nuevo muerto de hambre. Podía ver todas sus caras cadavéricas. (c) Enrique Páez, 2010
España, aparta de mí este cáliz Niños del mundo,
si cae España -digo, es un decir- si cae del cielo abajo su antebrazo que asen, en cabestro, dos láminas terrestres; niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas! ¡qué temprano en el sol lo que os decía! ¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano! ¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno! ¡Niños del mundo, está la madre España con su vientre a cuestas; está nuestra maestra con sus férulas, está madre y maestra, cruz y madera, porque os dio la altura, vértigo y división y suma, niños; está con ella, padres procesales! Si cae -digo, es un decir- si cae España, de la tierra para abajo, niños, ¡cómo vais a cesar de crecer! ¡cómo va a castigar el año al mes! ¡cómo van a quedarse en diez los dientes, en palote el diptongo, la medalla en llanto! ¡Cómo va el corderillo a continuar atado por la pata al gran tintero! ¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto hasta la letra en que nació la pena! Niños, hijos de los guerreros, entre tanto, bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo la energía entre el reino animal, las florecillas, los cometas y los hombres. ¡Bajad la voz, que esta con su rigor, que es grande, sin saber qué hacer, y está en su mano la calavera hablando y habla y habla, la calavera, aquélla de la trenza, la calavera , aquélla de la vida! ¡Bajad la voz, os digo; bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún el de las sienes que andan con dos piedras! ¡Bajad el aliento, y si el antebrazo baja, si las férulas suenan, si es la noche, si el cielo cabe en dos limbos terrestres, si hay ruido en el sonido de las puertas, si tardo, si no veis a nadie, si os asustan los lápices sin punta, si la madre España cae -digo, es un decir- salid, niños del mundo; id a buscarla!... (c) César Vallejo |
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